Transferencia: desafíos y tensiones para preservar la singularidad en tiempos digitales
- Sebastián Ortiz Olivares
- 26 may 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 1 jun 2024
Sebastián Ortiz Olivares
En el tratamiento analítico debemos ser cautelosos con la condición paradojal que tiene la transferencia. El motor de análisis y, a la vez, el mayor obstáculo a recordar y a sanar. Esto inevitablemente nos lleva al plano de la ética, pues, no pretendemos enseñar las buenas costumbres o patrones deseables de comportamientos. Tampoco buscamos dirigir al paciente o imponerle un ideal. Por el contrario, podríamos pensar que aspiramos a que el sujeto gane libertad, palabra que condensa una serie de debates políticos, filosóficos y de la más diversa índole. En especial, porque el mismo Freud puso en tela de juicio a la conciencia misma, y los ideales de autonomía tan arraigados en nuestras sociedades modernas.
Una parte del texto que fue la antesala a esta jornada clínica hacía hincapié en la defensa de la singularidad. Otra palabra que reúne una serie de ideas que nos lleva a la ética y a la clínica psicoanalítica. La singularidad siempre corre un riesgo de omitirse en una sociedad que se ha obsesionado con los datos, los protocolos y las estadísticas. Para que hablar de las nuevas tecnologías de gestión, las redes sociales y la inteligencia artificial. De hecho, hoy abundan los psicólogos de distintos enfoques que ofrecen algunas reflexiones sobre salud mental y prácticas terapéuticas a través de plataformas digitales.
Si de nuevas tecnologías se trata, resulta imposible ignorar la masificación de la tele consulta. El psicoanálisis tampoco está ajeno a esta realidad y rápidamente se dejaron de lado muchos divanes para pasar a la pantalla con los pacientes, después de un largo tiempo de discusión, respecto a cómo cautelar el encuadre para que la práctica que se desarrollaba en la consulta fuera “verdaderamente psicoanálisis”. Un debate que suele dejar los ánimos crispados entre los analistas más ortodoxos.
Así las cosas, la tele consulta ya es una práctica habitual en la psicología contemporánea. Incluso, ya era un asunto que se estaba evaluando antes de la pandemia. Hay un artículo de Alberto Minoletti y Graciela Rojas del año 2012 donde ya anticipaban la idea de implementar la tele psiquiatría para tratar patologías como la depresión y los trastornos de estrés postraumáticos, argumentando que la evidencia disponible permitía constatar que las intervenciones a distancia eran igualmente eficaces que las intervenciones clínicas cara a cara.
En ese contexto la transferencia sigue siendo un asunto que requiere nuestra atención, pues, ya debiésemos estar advertidos que cuando se trata de economía de la salud las intervenciones eficaces son las que cumplen de mejor forma el cálculo del costo y la utilidad. Cálculo que, por lo demás, pone en aprietos al psicoanálisis por considerarse de antemano una terapia costosa y de larga duración.
Para muchos pacientes la tele consulta se convirtió en una oportunidad de acceder a la clínica psicológica, sin embargo, es inquietante constatar una especie de perdida de límites entre lo íntimo y lo público. Pienso en el caso de una paciente que me tocó atender en el último año de pandemia. Trabajadora en un call center y que había buscado apoyo psicológico para lidiar con el estrés de su trabajo. Su habitación que compartía con su pareja ya se había transformado en su cubículo para atender las consultas telefónicas de los clientes de la empresa. Al no tener otro espacio, pues estaban en condición de allegados, se habían organizado en turnos para ocupar la habitación para el trabajo y para el descanso. O, pienso en el caso de las familias que se convierten en sujetos de intervención de los programas del ex SENAME que se esfuerzan por demostrar que no son padres negligentes enviando fotografías o capturas de pantalla de los buenos momentos que comparten con sus hijos. Pareciera ser algo azaroso, pero no es bueno olvidar los riesgos de que el psicólogo se convierta en el “policía bueno”, aunque tenga las mejores intenciones de hacer bien su trabajo. Eso nos puede llevar a interrogarnos acerca de lo conveniente que podrían ser las nociones de salud mental para gobernar y disciplinar. Por lo mismo vale la pena detenernos a pensar en las contradicciones que hoy pueden despertar nuestras prácticas clínicas, pues, en nuestra cultura del narcisismo, la terapia parece estar convirtiéndose en una suerte de caja de resonancia de las fallas de la modernización capitalista. Y, ante eso, los analistas no están ajenos.
Según el sociólogo Cristopher Lasch estamos presenciando el triunfo de una “sociedad terapéutica”. Es decir, la terapia misma y las preocupaciones sobre la salud mental, en última instancia, estarían reflejando la obsesión por el “sí mismo” y el paso de la política a un segundo plano. Hasta cierto punto, esto no es nada nuevo para nosotros. Fue una de las grandes discusiones con el movimiento anti psiquiátrico y los enfoques críticos que miraban con sospechas las nociones de salud mental en el siglo XX, pues, habrían camuflado una serie de contradicciones que, en realidad, eran de índole política.
De hecho, si de transferencia se trata este encuentro, es sensato recordar que el propio Freud llegó a expresar las contraindicaciones de iniciar una terapia analítica para los pobres por su falta de cultura y porque no podían costear el tratamiento. Esto alejó al psicoanálisis de los servicios públicos, por cierto, y fue una de las razones que promovieron la idea de que la terapia analítica era una práctica burguesa poco interesada en asuntos sociales y de políticas públicas.
Referencias
Freud, S. (2007). Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica (1919 [1918]). En Obras Completas, Tomo XVII. Buenos Aires: Editorial Amorrortu.
Lasch, C. (2023). La Cultura del Narcisismo. La vida en una era de expectativas decrecientes. España: Editorial Capitán Swing.
Álvaro, R; Minoletti, A; Rojas, G y Domínguez, G, (2012). Depression Program in Primary Health Care. International Journal of Mental Health, 41 (1), 38-47.
*Presenté este breve escrito en una jornada de psicoanálisis en la Universidad UNIACC.

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